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Historias mágicas de perros y humanos

Como por arte de magia

Caminaba por una de las avenidas principales de mi ciudad rumbo a casa, comenzaba a lloviznar cuando de pronto se desata una tormenta intensa que parecía no tener fin, tuve que correr para refugiarme debajo del pequeño techo de una vivienda abandonada. A pesar del estridente ruido de la lluvia alcancé a escuchar que algo se movía dentro de una bolsa de plástico y mi curiosidad me invitó a acercarme [...] qué sorpresa me llevé al darme cuenta que en la bolsa había un cachorrito tiritando de frío, y seguramente asustado por el ruido de la lluvia torrencial. En ese momento olvidé mi propio frío y lo mojado que estaba, lo que más me importó en ese momento es ayudar al pobre y desamparado cachorrito. Lo metí dentro de mi chaqueta y corrí lo más rápido que pude al hospital veterinario que estaba a dos calles de mi casa. [...] Al revisarlo el doctor no pudo darme grandes esperanzas, ya que el pequeño perrito se encontraba en muy malas condiciones, desnutrido y con una infección en sus ojitos. Fueron los tres días más largos de mi vida, por que a pesar de que llevaba escasos días de conocerlo, me había encariñado con el pequeño y no podía creer que alguien fuera capaz de echarlo a su suerte. Pasaron días, meses para que la tranquilidad y la alegría pudieran llegar. [...] Hoy Rayo y yo cumplimos casi 8 años de compartir aventuras y paseos. El destino nos puso en nuestros caminos y me enseñó el amor incondicional de una manera única.

Héctor, 38 años, Cd. de México



Paseo de todos los días

[...] Regresaba del parque con mis dos perros, Sabina y Coru [...] Como es común en Sabina venía olisqueando cada arbusto que se cruzaba en nuestro camino. Llegando a una esquina noté que Sabina insistía demasiado en una caja que parecía tener basura pues olía bastante mal [...] Me acerqué para ver cuál era el interés tan insistente y es cuando escuchamos pequeños maullidos que provenían de una bolsa que se encontraba dentro de la caja [...] Sabina y Coru comenzaron a jalar la bolsa con sus patas y alcanzamos a ver una cabecita y unos ojitos todavía sin abrirse por primera vez. ¡Eran seis gatitos de menos de una semana de nacidos! [...] Pues como pudimos nos acomodamos para regresar todos juntos a casa mientras yo cargaba la caja con los gatitos.
Al llegar a casa, pudimos ver que estaban llenos de pulgas, así que le llamamos al veterinario para preguntar si podíamos bañarlos (afortunadamente ese día estaba cálido y soleado) [...] La familia completa ayudó a bañar a los seis pequeños, mientras otros les quitábamos las pulgas y otros más los secaban, y los abrigábamos para que no les diera un resfrío.
Todos los gatitos tienen un hogar amoroso y de vez en cuando podemos verlos. Algunos se fueron solos y otros fueron en pares. Ya están enormes, sanos y felices.

Lula, 26 años, Mérida




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